Ante el descuadre que tiene el país del 7,2 % del Producto Interno Bruto (PIB) en las finanzas, con una emergencia económica en curso por el terremoto del 10 de agosto y que requiere al menos 1,5 % del PIB, el Gobierno no tuvo otra alternativa que acudir al Fondo Monetario Internacional y estudiar alternativas de crédito a corto plazo y con intereses flexibles y baratos.