El triunfo más doloroso y aterrador que puede tener una familia es el de recuperar el cadáver de un hijo, un hermano, un padre, lograr quitárselo a los asesinos, arrancarlo de la máquina criminal, trasladarlo a su tierra y darle sepultura entre los suyos con una lápida y su nombre. Es todo. Eso logró María Tránsito Figueroa.