Esta primera encíclica, la primera en el mandato del Papa de origen estadounidense y peruano, ha generado una gran expectativa, por cuanto en todos los países se está llevando a cabo una discusión muy alta en torno a la necesidad de colocarle límites al uso de las aplicaciones de inteligencia artificial y de generar protocolos de gobernanza para que esta tecnología no termine generando grandes daños socio-ecológicos y sirviendo como herramienta para el crimen, los discursos de odio y algunos otros coletazos negativos.