“Creímos que iba a ser el último día de nuestra vida. Las casas parecían gelatina, se movían de un lado a otro y eso caían ladrillos de todo lado. Además, el suelo parecía inestable, se sentía como si uno se fuera a caer”, recuerda el sargento Julián Montoya, subcomandante del cuerpo de bomberos de San José del Palmar, del sismo de magnitud 7,4 que se registró el pasado lunes y tuvo como epicentro ese municipio de Chocó.