Las referencias históricas suelen ser útiles para comprender el presente, pero también pueden convertirse en una trampa cuando se utilizan como equivalencias automáticas. El reciente anuncio de un eventual “Plan Patriota 2.0”, en el marco de la renovada cooperación en seguridad entre Colombia y Estados Unidos, ha despertado reacciones inmediatas. Para algunos, representa el regreso de la política de seguridad democrática de Uribe; para otros, el riesgo de revivir una estrategia militar asociada con uno de los períodos más complejos del conflicto armado colombiano. Ambas lecturas comparten un problema: parten de la premisa de que el contexto permanece inalterado. No es así.
El Plan Patriota desarrollado durante el gobierno de Álvaro Uribe respondió a un escenario político, militar y jurídico que hoy simplemente ya no existe. En aquel momento, las FARC constituían una organización insurgente con una estructura nacional relativamente unificada, controlaban extensas áreas del territorio y la prioridad del Estado consistía en recuperar su presencia institucional mediante operaciones militares de gran escala. La cooperación con Estados Unidos se encontraba, además, marcada por el contexto internacional posterior al 11 de septiembre y por la denominada guerra global contra el terrorismo.