Caminar o tomar el transporte público, un acto cotidiano para millones de personas, no es igual para ellas. El acoso sexual callejero, una forma de violencia de género, tiene rostro y heridas en forma de recuerdos. No existe excepción alguna en que una mujer no haya experimentado un comentario o gesto inapropiado, una mirada lasciva, un tocamiento o rozamiento violento, una persecución o una fotografía no consentida, incluso desde temprana edad.